domingo, 30 de enero de 2011

Li Na hace historia


En el Australian Open muchas fueron las sorpresas. Quizá entre las más resaltantes, la eliminación del #1 y #2 ATP: Rafael Nadal y Roger Federer, respectivamente. Por otro lado, el anuncio del retiro definitivo de la tenista belga Justine Henin. Sin embargo, la gran sensación del 1er "grande" del año fue la tenista Li Na, esa china de 28 años que regaló buen tenis, derrochó simpatía con su carismática personalidad y puso por primera vez a su país, el mismo que alguna vez la tildara de rebelde por renunciar al sistema de "entrenamiento nacional" para poner a su esposo como coach, en una final de Grand Slam.

País de badmintonistas y tenimesistas, China nunca había erosionado en el campo del tenis, deporte poco común y sin tradición dentro de sus fronteras. No obstante, en los Juegos Olímpicos de Atenas se empezó a ver el cambio: medalla de oro en dobles femenino. Ojito que batieron a las mejores en esa modalidad y vaya que el mundo dijo: oh!

Luego vendrían un par más de títulos en dobles y algunas salpicadas en singles pero sin mucho tono. Siempre mujeres... Los chinos aún no llegan.

Pero fue con Li Na que el mundo se alborota. Y no recién en el Australian Open y su casi coronación: 2 semanas antes había ganado el torneo de Sidney a la mismísima Kim Clijsters, quien luego se las cobrara en el "grande".

Li Na viene desde hace un tiempo ganándole a las mejorcitas, no por poco es número 7 del mundo: Juego bonito, técnica impecable, físico envidiable, gran movilidad, swing completo de derecha y destacable revés. Juego profundo e incisivo. Temple para levantar match points en contra, aunque muy dubitativa para cerrar sus saques por lo que aún es víctima de su mente, como muchas talentosas que no han llegado a ser #1.

La "rebelde" va por buen camino y aunque para el tenis es considerada ya una veterana, para los que hemos estado metidos en este deporte sabemos que la mujer, justo a esa edad, empieza a despegar con su juego. No todas por supuesto, pero quizá las más talentosas y menos fugaces.

Esperemos ver más de Li Na y de la australiana Samantha Stosur (#5 WTA), para mi entender, las más completas del circuito y con la mejor técnica que aún no alcanzan estar entre los 2 primeros lugares del ranking, menos el título de un "grande". Ya es hora, justo ahora que vemos una inconstancia, un sube y baja entre las mujeres, efímeras números 1 y que a veces, como Wozniacki (víctima de la china en el AO), no proyectan buen tenis para tildarlas como tal.

China ya puede agradecerle a su "rebelde", a esa tenista de disparatadas ocurrencias que hizo gozar a todo el mundo de buen tenis y de una personalidad difícilmente ubicable en el mundo del deporte, y mucho menos en una sociedad asiática que lentamente viene rasgando la cáscara.

Un respiro ha llegado. A veces ser rebelde vale la pena.

jueves, 6 de enero de 2011

Una cubana olímpicamente peruana


Hay personas que desde niños entregan su infancia a cambio de sacrificio y dedicación. Se alejan del juego, las idas al cine y fiestas, de sus propias familias para emprender sueños que necesariamente deben ser labrados con prontitud. Dejan de mirar atrás, aún con nostalgia pero con la férrea convicción que algún día lo lograrán.

Marisol Espineira lo hizo: nació en Cuba y desde muy temprana edad se alejó de su familia para irse a la capital y emprender su sueño de llegar a la selección cubana de tenis de mesa y lo logró. Viajó por muchos países del mundo y se topó con grandes figuras, consiguiendo desde categorías infantiles sus primeros triunfos. Jugadora defensiva, licenciada en cultura física con mención en tenis de mesa. Su destino estaría lejos del trópico oleaje caribeño: Perú sería su nueva casa, su nueva insignia, colores, himno, aroma y triunfos.

Medallas, trofeos, diplomas rebozan en su estante. Ella no chamulla, lo hace, lo hizo. Campeona Latinoamericana en Dobles, 4 medallas de bronce en Bolivarianos, 8 veces campeona nacional y número 1 del Perú, participante en Juegos ODESUR y Panamericanos (Santo Domingo y Río de Janeiro), y para relleno: representante peruana en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

Por el Perú lo dio todo. Hoy no entrena como antes pero su amor por el tenis de mesa es indiscutible. Entrena cuando puede, poco, y aún demuestra quién es, ante cualquiera, a pesar de que dupletea en edad a las demás que entrenan a diario. Es que viene de un país donde el deporte lo es todo y la competitividad aún mayor. Su experiencia condena cualquier acto de envidia en su contra. Los peruanos somos así, qué pena. "La cubana", por la que muchos refunfuñan mordiéndose la boca frustrada de caries picada y lengua triperina. La vieron hasta ahora como la foránea que le viene a quitar el número 1 a las peruanas que decían ser tan buenas y temblaban al demostrarlo, pues no lo eran. ¡Qué ignorancia! Por eso vendría una norma ilegal imponiendo un límite de edad para poder representar al país y así sacarla de camino, para callarla y no siga diciendo las verdades que tanto joden. Cuánta envidia, mermelada y dobles caras.

Talentosa entrenadora, maestra e insignia de alumnos ahora en la selección nacional y de futuras promesas. La calidad silencia mediocridades.

Ahí les dejo una fotografía tomada a un periódico cubano. Marisol de 19 años y sus primeros flashes. Hay cosas que cambiarán, pero nunca el amor que ella tiene por ese tenis de mesa que le dio tanto, con el que nos dio, mucho más.
Sus alumnos estamos orgullosos de ella, tan simple porque es la mejor.